viernes, 30 de noviembre de 2007

No tengo culpa, no tengo motivo, no tengo razón

Tenía como mil años sin escribir mi blog...pero me puse a pensar que es que nadie lo lee y me desmotivé. Pero hoy hablando con Je, me hizo pensar y otra vez me dieron ganas de escribir...

Desde mis últimas publicaciones creo que todo ha mejorado. Y cuando digo todo, me refiero a mi misma, a como me siento en mi casa, en el trabajo y en general. Sigo extrañando mi vida de antes montones...pero me queda el consuelo de que pude vivir intensamente cada segundo; y que tengo millones de cosas que contar.

Sin embargo, últimamente todo lo que está pasando me ha hecho pensar...en ver cuál es la mejor forma de solucionar las cosas y la verdad aún no he encontrado la respuesta que más me satisfaga. Creo que quiero seguir donde estoy, pero no como estoy, sino tratando de encontrar cosas nuevas, de conquistar corazones y mercados, de encontrar eso que me falta para que todo sea un poco más perfecto. Creo que como me dijera mari hace unos años...lo único que me falta es eso para estar más feliz.

Sí lo pienso y me dan muchas ganas...pero insisto en que este tal vez no sea el mejor lugar para que las cosas sucedan. Como diría otra persona por ahí, si me pongo tantas trabas, voy a seguir igual y me quedaré esperando por siempre cual "susanita" por que venga a mí el momento ideal y perfecto.

Ya quiero que se acabe el 2007. Necesito llenarme de esa energía positiva para ver si así todo me sale mejor...para liberarme aunque sea por esa primera semana típica de promesas y propósitos, de tantas preocupaciones y negatividades.

Tengo un poco de miedo de que me corten las alas, y que por terceros ya no pueda salir de esta jaula cada día más colorada. Pero en fin, sólo quiero tener la fuerza para creer que las cosas tarde o temprano cambian, y para mi bien...para mi favor.

Sólo sé que ahora quiero disfrutar cada segundo y dejar a un lado aunque sea por un ratico, tanta obsesión por la perfección, por el compromiso y las responsabilidades.

Quiero ser yo, quiero soñar y quiero creer que de verdad algo muy pero muy bueno tiene que estar por venir.

4 comentarios:

Mariela Reyes dijo...

Qué fino, justamente hoy pasé por tu blog y me extrañó que no tuvieras algún post reciente... Como quien dice: la reventé!

Lifo: tienes todo, absolutamente todo dentro de ti para ser cuan feliz tú quieras serlo. Si bien lo externo influye -y sí que lo hace- tú eres la dueña de tu vida y decides tu destino. Ni los colores, ni los charlatanes de turno en el poder, ni nadie en general, puede cortarte las alitas. Así que mira para arriba, bieeeen alto, hasta donde ya no puedas distinguir nada más y allí cuelga lo que deseas, porque si las cosas fueran más fáciles, quizás no tendrían el mismo sentido ni el mismo sabor cuando las consigues.

Un abrazo, cuenta conmigo siempre,

MRR

Coraline dijo...

Creo que siempre hemos debatido acerca de cómo yo pienso que la felicidad es un recorrido y no un destino y cómo tal vez tú no estás de acuerdo con eso, pero insisto en que las cosas jamás van a ser 100% perfectas y si lo son, sólo será por un momento, un nstante determinado y mientras tanto seguimos siendo infelices porque seguimos buscando ese "algo" (que en distintos momentos de nuestar vida es algo diferente) para sentirnos bien y tal vez ese algo llega y nos hace felices por un momento epro entonces encontramos ese otro "algo" por lo cual no lo somos y con lo cual estaríamos mejor...

Creo que en la vida e todos faltan muchas cosas para hacerlas más perfectas, pero de momento me alegro de que te sienta smejor y de que sigas viviendo intensamente cada etapa y momento de tu vida mientras disfrutas de ello.

Te dejo con uno de mis cuentos favoritos dle autor Jorge Bucay:

"El círculo del noventa y nueve

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mandó a llamar.
- Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?
- ¿Qué secreto, Majestad?
- ¿Cuál es el secreto de tu alegría?
- No hay ningún secreto, Alteza.
- No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
- No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
- ¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
- Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
- Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
- Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
- Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
- No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
- Así es.
- ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!
- ¿Qué circulo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente, no te entiendo nada.
- La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
- Eso, obliguémoslo a entrar.
- No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
- Entonces habrá que engañarlo.
- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solito, solito.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
- Si se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
- ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
- Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
- Sí
- Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
- ¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.
- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:

"Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste."

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas plantas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían, ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña de ellas para él.

El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60.... hasta que formó la última pila: 9 monedas !!!



Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

- Me robaron -gritó- me robaron, malditos!!



Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como
burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro "sólo 99".


"99 monedas. Es mucho dinero", pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.



El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?


Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.



Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.

"Doce años es mucho tiempo", pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. Era demasiado tiempo!!!



Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender...Vender...Vender...



Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.



El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99...

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.
- ¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?



No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor."
.......................................

Al final pone esto:

"Todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología. Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta....

Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida....

Pero que pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo el número cien que el noventa y nueve, que es sólo una trampa, una zanahoria que han puesto ante nosotros para que seamos estúpidos, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices y resignados.

Una trampa para que nunca dejemos de empujar y para que todo siga igual...
... eternamente igual!"

Lore dijo...

Lifo!! Qué bueno leerte de nuevo...

Yo a veces también me desmotivo porque nadie me lee.. jajaja

Hablando en serio... te digo de corazón (sabes que es así) que todo va a estar bien! en cuánto tiempo? no lo sé... tal vez mucho, tal vez poco... pero TODO PASA (lo sabes, porque eres teresiana) y todo, finalmente, está bien...

Lo que dices que te ocurre es totalmente normal y me alegra que sepas que auqnue te falte algo, estás bien, pero si piensas que podrías estar mejor, también piensa que podrías —quizá— estar peor...

Excelente el cuento de Schere... Jorge Bucay es lo máximo y ese, como todos sus cuentos, dio en el clavo en esta oportunidad... Disfruta tus 99... que no es lo mismo que se conformista... La moneda cien...e sa que tanto esperas (como la primera semana del año para llenarte de energías) puede ser el fin de tu alegría... o demasiado tarde para comenzar a renacer la esperanza...

Te quiero mucho!

Un abrazo!

Lore dijo...

Hey lifo!!! Pasaba a saludarte! Un beso!